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Emprendimiento descabezado

Última modificación: 27 de Noviembre de 2016, y ha tenido 147 vistas

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Llevamos años experimentando, con mayor o menor acierto, un empuje desmesurado del emprendedor como medio de salvación del nuevo titulado español. En realidad, se nos presenta como solución salvadora para todo aquel que se crea con la habilidad y el derecho de salir de la clase media-baja a la que nos empuja un sistema, uno cuya única preocupación es la de mantener unos principios motores útiles para unos pocos.

De todas formas, no usaré esta entrada para hacer un juicio de valor acerca de cómo el emprendimiento no es más que una forma oculta de las clases gobernantes para ignorar sus obligaciones de garantes de la calidad de vida (incluyendo la laboral, actual y futura) de sus gobernados, aunque creo que se puede intuir un poco acerca de dónde coloco yo todas estas propuestas de "búscate la vida, pero no molestes y hazme quedar bien" que se ocultan detrás de tan bonitas palabras como "autoemprendimiento", "factorías de ideas", "aceleradoras de startups" y eufemismos similares que nos inundan cada día. Ya sabemos que la política y forma de gobernar actual se centran principalmente en la redefinición de términos para convencernos de que el agua es el nuevo nombre de la sopa más saludable del mundo... tanto, que ni tienes que lavar los platos tras comértela.

No, ese tipo de valoraciones acerca de toda una nueva forma de vendernos el capitalismo salvaje como el objetivo personal que solo cumplen los valientes es algo que tendrá que quedarse para una entrada en algún sitio menos relacionado con mi quehacer laboral (aunque parte de nuestra labor como profesores universitarios debería pasar por mostrar alguna capacidad crítica ante el mundo que nos rodea). Pero sí quiero aprovechar este sitio, alojado en un servicio público educativo, para poner en tela de juicio la utilidad de tanto esfuerzo realizado por el bien de la formación de los alumnos que la reciben.

Resulta, cuanto menos, llamativo que en una etapa de decadencia universitaria, tanto por medios técnicos como humanos, se invierta tanto tiempo y dinero en enseñarles a nuestros alumnos los buenos modos que los pueden llevar a ser mejores emprendedores, que haya tantos concursos de ideas premiados con ayudas a la formación de sus primeras empresas, y tantos cursos y charlas acerca de cómo convertirse en sus propios jefes (cuanto todos sean capitanes, habrá que buscar grumetes entre el profesor descualificado que la universidad ha desechado, pero no hay peligro, estaremos ya tan abajo que hasta nos alegraremos de ser grumetes de un proyecto, cualquier proyecto, vacío).

Y resulta llamativo porque la labor principal de la universidad no es la de suplir los institutos de empleo (o de autoempleo), sino la de formación, la de transformar a los estudiantes en buenos conocedores de la disciplina que han elegido para que después hagan con ella lo que quieran y puedan (si la pueden disfrutar y además se pueden ganar la vida con ella, entonces podemos estar completamente satisfechos de nuestra labor). Obsérverse que no he hecho mención a la manida, tanto que ya huele mal, labor de "convertirlos en buenos profesionales". Por desgracia, un buen profesional no asegura un buen conocedor de la disciplina, pero el recíproco sí es cierto... siempre y cuando lo de "buen" sea en beneficio de sí mismo y del bien público (¿alguien recuerda aún eso del "bien público"?, antes se hablaba de él, ahora creo que es algo relacionado con recibir una señal wifi suficientemente potente desde los centros comerciales y los estadios de futbol para poder mandar fotos de nuestra felicidad a las redes sociales).

Y resulta llamativo porque pone el énfasis - económico, de esfuerzo y de atención - en un punto que no corresponde con LA (sí, con mayúsculas, porque hay una de ellas que está por encima de las demás) función de la Universidad (sí, también con mayúsculas, que las que llevan apellido deberían escribirse con minúsculas, para que se sepa que son simples implementaciones imperfectas de un ideal). Entendería que, sobrando recursos pudiéramos permitirnos ciertos lujos complementando las diferentes visiones y facetas que una disciplina puede tener en sus aplicaciones más allá del mundo académico... pero complementar lo que está vacío se parece más a suplantar ocultando el engaño... como hacen los cucos para asegurarse el porvenir.

Y las carencias no son pocas: un profesorado infravalorado que ha perdido y olvidado (si alguna vez alguien se lo explicó y él lo entendió) su labor en la Universidad, unos medios físicos insuficientes que impiden aplicar las metodologías adecuadas para un correcto funcionamiento académico, una falta absoluta de apoyo económico para la labor de investigación - la única que distingue la academia de los demás niveles docentes -, una falta absoluta de apoyo económico que impide el acceso de estudiantes a la labor investigadora... y un estudiantado que está a una distancia insalvable del nivel intelectual que se necesitaría para poder asimilar los conocimientos necesarios de cualquier disciplina seria.

Rompiendo una lanza a favor del profesorado, se debe decir que ni la mala valoración de la sociedad ni del organismo que lo controla ha conseguido hundir un amplio sector de ellos, ni su labor docente ni su labor investigadora se ha visto anulada por la falta de medios y de confianza con que se les ha regalado en los últimos años (aunque sí han visto mermadas sus capacidades, igual que cualquier profesional al que se reduce la calidad y cantidad de sus herramientas de trabajo). Pero seamos realistas, todavía no tengo claro qué proporción de ellos lo han hecho por salvar sus puestos y librarse de la criba generalizada... razón válida desde un punto de vista práctico, aunque no sé si superaría un examen mínimo de moral y ética.

Por fortuna, también tenemos edificantes y numerosos ejemplos de estudiantes que se siguen esforzando por su acceso a la investigación a pesar de no disfrutar de ayudas de ningún tipo, algunos compatibilizándola con trabajos que les permiten vivir (malvivir, y muchos de ellos como emprendedores), y otros que, usando medios familiares cuando siguen disponibles, son capaces de aguantar algunos años haciendo de investigadores gratuitos en un sistema que les cobra doble por ello.

Lo que no tiene solución por más empeño que pongamos es el del nivel insuficiente que arrastra la inmensa mayoría de estudiantes. Ya he hablado en alguna otra ocasión de esta nefasta caracterización de la universidad actual (esta sí, con minúsculas). Ahora quiero resaltar el hecho de que, a pesar de su inequívoca existencia, la universidad no impulsa ni una sola acción para solventar esta terrible y temible carencia.

Al igual que se empeñan esfuerzos en "complementar" ciertos perfiles del estudiante, ¿no resulta llamativo que no se tomen medidas tan afanosas para cubrir las lagunas (a veces mares) que nuestros alumnos arrastran desde su más tierna infancia? No tengo hijos ni experiencia educativa en niveles de primaria, pero un amigo que tiene experiencia en todos los niveles involucrados (porque es profesor, investigador, y tiene hijos que han pasado, con éxito, por todas esas etapas), me comentaba hace poco que el problema educativo se iniciaba en los primeros años de primaria, y que después solo crecía y crecía por la incapacidad para solventar las carencias a posteriori.

Hace unos años, cuando la situación aún no parecía tan mala, la universidad de Sevilla, al igual que algunas otras del país, implantó en algunas facultades (la recuerdo en la Facultad de Matemáticas) algo que denominaron Curso \(0\), de forma que aquellos alumnos que no eran capaces de superar las asignaturas de primero podían "atrasarse" un año, volver a un curso \(0\) que intentaría cubrir las carencias de base existentes, y de esa forma afrontar de nuevo el primer curso, ahora con más garantías de éxito. Retroceder un año podía parecer un paso atrás, pero era una forma de coger carrerilla y asegurar menos caídas futuras... No tengo números sobre la experiencia, pero seguro que fue más positivo que negativo.

¿Sería planteable algo similar ahora? Me temo que los padres (grandes actores en la culpabilidad de la situación actual, porque todos somos en mayor o menor medida reponsables de lo que nos dejamos hacer en un sistema más o menos democrático) lo verían como algo negativo. Y tampoco estoy seguro de que el propio sistema educativo (el otro coprotagonista negro en este drama con tintes de comedia gore) lo viera con buenos ojos. En una época en que estamos intentando montar emprendedores que rápidamente se automantengan, reduciendo años de estudios, derivando el problema siempre a cursos superiores, disparando el balón hacia adelante con el fin de que sea otro el que lo recoja hirviendo, a veces desinflado, y finalmente haciendo pagar al alumno de forma incremental para que la universidad se convierta en un negocio positivo (aunque sea eliminando la opción pública para que el negocio esté en la opción privada) ¿podemos permitirnos el lujo de proponer un frenazo que nos haga recordar que no estábamos haciendo un ensayo general sino que estábamos dando una educación superior en directo?... no solo podemos permitirnos ese lujo, sino que tenemos la obligación de hacerlo.

Si de verdad se buscase un emprendimiento de valor, ¿no sería deseable que el emprendedor además de ganas y medios tenga la cabeza bien amueblada para convertir el conocimiento público (académico) que ha recibido en bien público?, ¿o seguimos buscando emprendedores descabezados como última y definitiva patada al balón que saque el problema de nuestro campo y nos haga creer que hemos cumplido nuestro objetivo?

Seamos sinceros con nuestros alumnos, con sus familiares y con la sociedad, y no les hagamos creer que su solución pasa por emprender como medio vacío de sustento, empujándoles hacia una cadena de fracasos sucesivos de autoempleo mal entendido. Propongámosles que se detengan a solventar sus carencias para que puedan tener en la cabeza algo que les sirva para construirse, y construir para todos, un camino que tenga alguna opción de éxito. Y recordemos a todo el mundo que el éxito se mide en global, como la suma de las mejoras personales de cada individuo de la sociedad, la misma que les ha brindado una eduación, y no como el éxito puntual de un único emprendedor "afortunado" que ha conseguido finalmente vender su empresa emergente a una gran multinacional mientras el resto de la población sigue asistiendo al expolio de sus capacidades de supervivencia.

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