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¿Qué Hay Detrás de los Dobles Grados?

Última modificación: 18 de Febrero de 2018, y ha tenido 105 vistas

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De que los dobles grados están de moda, no hay duda, y de que empiezan ya a aparecer como champiñones en cada campus universitario que se precie, tampoco, pero... ¿qué objetivos persigue un doble grado?, ¿a quién beneficia su existencia?, ¿qué consecuencias tiene el realizarlo?

Intentaré mostrar aquí un pequeño análisis personal acerca de lo que estamos viviendo y porqué creo que es así. Quiero que conste que las opiniones mostradas son exclusivamente mías, y no reflejan en ninguna medida la opinión que pueda tener mi depertamento, como entidad universitaria, ni ninguno de mis compañeros.

Sobre los Dobles Grados...

Supongamos que $A$ y $B$ son los contenidos de dos grados actuales. Notaremos por $AB$ el contenido del doble grado ofertado a partir de $A$ y $B$, y por $A+B$ la ejecución (estudio) de los dos grados completos por separado (simultáneamente o no).

Debemos tener en cuenta algunas condiciones previas a la forma en que los dobles grados que conozco están haciendo frente a la situación de los alumnos matriculados en ellos:

  1. El número de plazas que se ofrecen para un doble grado suele ser el de un pequeño grupo que oscila entre 20 y 30 plazas, por lo que, aunque para las asignaturas obligatorias podría generarse un grupo nuevo (en el mejor de los casos, y siempre que la universidad en cuestión quiera dar algo a cambio de las ganancias que obtiene con la oferta), en poco tiempo los alumnos de doble grado se disuelven entre el resto de alumnos de los grados normales.
  2. Los asignaturas que se cursan en un doble grado tienen exactamente el mismo contenido y orientación que aquellas que se cursan en cada uno de los grados por separado. Lo máximo que se puede obtener es alguna leve modificación que el profesor encargado de su impartición pueda llevar a cabo en función del nivel de los alumnos que integran su clase (como veremos, suele ocurrir que los alumnos de doble grado tienen mejor nivel que la media, por lo que el profesor puede incidir en algunas partes de mayor complejidad que normalmente no se destacan en el itinerario normal, o incluso extender el contenido de la asignatura porque puede llevar un ritmo más acelerado), pero esto solo es posible si tienes un alumnado uniforme en capacidad, conocimiento, y objetivos, algo que el punto anterior ha dejado claro que es difícil.
  3. La posición de las asignaturas de un doble grado en la malla curricular es, aproximadamente, la misma que ocupan en los grados a las que pertenecen (salvo algunas pocas excepciones que permiten retrasar, uno o dos semestres a lo máximo, la impartición de algunas asignaturas). En consecuencia, si alguna de las asignaturas de uno de los grados pudiera servir para entender mejor el contenido de asignaturas del otro grado, este beneficio solo se obtendría si en los grados originales se diera la casualidad de estar ordenadas correctamente. Algo que no suele ocurrir con frecuencia.

A consecuencia de estos factores, y del ritmo normal con el que se desarrollan las actividades en la universidad, podemos observar los siguientes hechos en el sistema actual de dobles grados:

  1. $A+B > AB$. Es decir, el contenido de los dos grados por separado es mayor que el del doble grado propuesto.  
  2. $A > A_{|AB} \approx \frac{2}{3} A$. Esto implica que para aplicar metodologías de $A$, es preferible alguien que haya estudiado $A$ por completo. ($A_{|AB}$ es el contenido de $A$ en $AB$).
  3. $B > B_{|AB} \approx \frac{2}{3} B$. Esto implica que para aplicar metodologías de $B$, es preferible alguien que haya estudiado $B$ por completo. ($B_{|AB}$ es el contenido de $B$ en $AB$).
  4. $AB - (A \cup B) = \emptyset$. Esto implica que $AB$ no aporta conocimientos emergentes de la conjunción de $A$ y $B$, por lo que el alumno de $AB$ no ha sacado más beneficio que el de obtener 2 títulos (no conocimientos) por poco más esfuerzo que el que hay que invertir en uno.
  5. En muchos casos no hay espacio en el mercado de trabajo preparado para alumnos de $AB$ que no puedan ocupar alumnos que solo hayan cursado $A$ o $B$. Y la universidad no tiene actualmente capacidad de asimilación de los alumnos egresados para engrosar sus puestos académicos.
  6. $Nota\_acceso(AB) >> max(Nota\_acceso(A), Nota\_Acceso(B))$.
  7. Las facultades/escuelas/departamentos involucrados en la ejecución del doble grado lo hacen "de regalo", a coste nulo por parte de la universidad, por lo que con los recursos asignados deben hacer frente a los problemas logísticos derivados de esa doble ejecución (con las dificultades añadidas que supone la coordinación entre dos centros distintos).
  8. Muchas veces, del reducido (y la mayoría de veces, injustificado) número de plazas disponibles para un grado se sustraen las plazas asignadas a los dobles grados relacionados, por lo que la oferta real de plazas para el grado simple se reduce dramáticamente.
  9. Los grados actuales tienen una duración ideal de 4 años, con una media de 60 créditos por año, y los dobles grados se sitúan en una duración de 5 años, con una media de 72 créditos por año. En consecuencia, l
  10. a carga por año es superior, lo que impide la correcta asimilación y maduración de los conocimientos que deben adquirirse de forma gradual.

El punto 6 no es un resultado ni exigencia propios de $AB$, sino de la política universitaria que usa los grados como producto comercial, por lo que ha de generar una expectación que no sea satisfecha por el gran público. Es un viejo truco del mercado, rebaja la oferta y el "valor" académico parecerá mayor, pero realmente te estás llevando a casa un producto de menor valía que el que podrías conseguir invirtiendo en ambas partes por separado.

Si lo comparamos con planes anteriores, el contenido de los grados actuales es sensiblemente inferior al que se impartía en las licenciaturas antiguas, un alumno de doble grado actual vendría a estudiar el equivalente al contenido de una licenciatura, pero en realidad ha obtenido aproximadamente la mitad del contenido de cada una de las dos licenciaturas anteriores. Y además, aún así se pierde el contenido de los últimos cursos de licenciatura que, simplemente, no tienen cabida en los grados actuales y se ha dejado muchas veces como contenido de algún máster ofertado (si hay suerte, y la universidad ha dejado que ese máster siga vivo). A cambio, y paradójicamente, el alumno se lleva 2 titulaciones en el bolsillo.

Como resultado, si se plantea la necesidad de un conocimiento mixto, $AB$ no aporta una solución académica (quizás sí comercial) y debe desmarcarse de los objetivos universitarios de quien esté interesado por mejorar la capacidad de los egresados en $A$ y $B$. Si se desea rellenar un hueco o necesidad académica/profesional (inciso: esta diferenciación que se ha introducido en el mundo académico nos hace ver que dedicarse al mundo académico parece que no puede ser entendido como una profesión, supongo que refleja la corta capacidad de miras que presentan los políticos, internos y externos a las universidades, que dirigen la maquinaria, y que, desde luego, cada día ponen más complicado que realmente sea así) la solución debería pasar por crear un nuevo grado definido al 100% para dar respuesta a esa necesidad y en el que realmente se profundice en los problemas intermedios que pueden salir beneficiados de una visión con mezclas de las aproximaciones que proponen $A$ y $B$.

Entonces, ¿qué gana una universidad cuando promociona un doble grado que no aporta el suficiente contenido a alumnos que se supone que están más preparados? Sobre esta pregunta podemos especular posibles explicaciones, pero una que ronda en mi cabeza, espero confundirme, es el hecho de tratar a los alumnos buenos (los pocos que ya van entrando en la universidad) como la suma de cliente y producto. Parece que se han convertido en valor comparativo entre universidades, quizás una medición del ego de la universidad, y un alimento para su vanidad. En todos cala el razonamiento siguiente:

Si en un universidad hay un doble grado que tiene la nota de corte más alta de España/Andalucía/etc, entonces esa universidad debe ofrecer una calidad mayor y de ella salen los alumnos mejor preparados.

Dos Casos Particulares

Analicemos la situación de los dos dobles grados que tengo más cerca :

  • Física+Matemáticas (en su 5º año de vida, ya salen los primeros egresados), y
  • Matemáticas+Informática (en avanzado estado de gestación).

Hay un tercer doble grado que también se está desarrollando cerca, el de Matemáticas+Estadística, pero en el que no tengo ninguna experiencia. En la actualidad, solo en Sevilla hay unos 20 dobles grados ofertados, yo solo puedo hablar del contenido de estos dos porque conozco el contenido de los grados que los componen.

Comencemos por apuntar algo importante que quzás haga que el análisis que hago solo sea válido para los casos que considero: y es que las matemáticas son, de facto, el lenguaje universal de las ciencias. Y eso no es un mérito que corresponda a los matemáticos, sino una creación común por parte del esfuerzo formalizador del resto de ciencias (y poco a poco, del resto de disciplinas que todavía se consideran fuera de esta gran bolsa). Si en un futuro hiciera falta un nuevo lenguaje, como ha pasado en repetidas veces a lo largo de la historia, ese nuevo lenguaje de formalización para la comprensión, predicción y validación de todo lo que pueda entender el cerebro humano volverá a caer dentro de las matemáticas, o mejor dicho, las matemáticas ampliarán su frontera para admitir esa nueva herramienta de conocimiento. Cuando una ciencia está madura para pasar de la comprensión y clasificación a la generación y predicción hace uso de las herramientas formales que le proporciona las matemáticas.

La primera ciencia que admitió esta norma de juego, y fue en gran medida responsable de una de las grandes ampliaciones de las fronteras matemáticas, fue la Física. Gracias a la interacción entre ambas disciplinas, parte del desarrollo matemático tuvo como objetivo e inspiración explicar y predecir realidades de la Física. Por ello, hoy en día no tiene sentido un grado intermedio, sino que solo sería justificable una especialidad de Física Matemática (al igual que otra de Física Computacional, o cualquier combinación que presuponga el uso de otras metodologías para la resolución de problemas exclusivamente físicos). Sin embargo, en la actualidad no tiene mucho sentido una aplicación de la Física (desde la Física) hacia las Matemáticas porque, aunque sí hay posibilidades de inspiración de problemas, no es en ninguna forma superior a la inspiración que pueden proporcionar otras disciplinas. En este sentido, lo que se precisaría para el enriquecimiento de las Matemáticas sería una mayor cultura acerca de los problemas que puede ayudar a resolver del resto de disciplinas, y no solo por la utilidad de las aplicaciones obtenidas, sino porque pueden suponer una fuente riquísima de inspiración, intuición, y nuevos problemas abstractos.

Debido a que la relación entre Matemáticas y Física es madura y antigua, y a que hay muchos alumnos que pueden sentir un interés común por ambas (usan un lenguaje común y las matemáticas más avanzadas de bachillerato se ven en la asignatura de física), la conjunción de estos dos grados se convierte en una mezcla de fácil venta en el mercado académico.

El caso de unión entre Informática y Matemáticas es distinto. En realidad, la Informática es en gran medida una disciplina que ha nacido desde las Matemáticas, de problemas matemáticos fundamentales, y hay un juego de ida y vuelta entre ambas disciplinas ahora mismo (que sería más observable en nuestro día a día si no hubiera el grado de senectud en las matemáticas académicas españolas actuales y si los departamentos de Computación Matemática tuvieran más peso).  Por supuesto, el desarrollo de la Informática ha dado lugar a muchos otros problemas, abordables desde otras disciplinas, y que tienen una orientación distinta.

Pero en este caso sí tiene sentido montar un nuevo grado que ocupe una posición intermedia (tiene hasta su nombre en muchos sitios, Ciencias de la Computación), que tendría la particularidad de preparar al alumno con las herramientas necesarias para resolver problemas que fluyen entre ambas disciplinas, en las dos direcciones, para enriquecer al resto de áreas de conocimiento, y no fundamentalmente en una como ocurre en la combinación anterior.

Claramente, por todo lo que se comentó en la sección anterior, el doble grado no va a servir para rellenar este hueco (que además si cubriría una necesidad académica y profesional actual), sino que solo cubrirá las necesidades comerciales de dos grados que están, inexplicablemente, pasando por momentos bajos (es inexplicable porque un especialista bien armado con estas herramientas supone el perfil más demandado de alto nivel en la actualidad, pero parece que en España no estamos preparados para verlo ni dar el paso al frente).

Es interesante plantearse cómo la introducción de un doble grado insatisfactorio puede bloquear la introducción de un nuevo grado especializado que realmente sí cubriría una necesidad real, porque es probable que su creación se retrase mucho más tiempo del que sería necesario y deseable para tener una universidad actualizada. Lo que hace pensar también si la introducción de este nuevo doble grado no viene apoyado por intereses adicionales para evitar los efectos colaterales que tendría un posible grado intermedio sobre los grados clásicos ya establecidos.

Y es que, finalmente, la universidad no es en estos momentos que vivimos ese ente dinámico que se adapta para ofrecer las mejores aproximaciones al conocimiento, sino un conjunto de piezas estáticas que luchan por el mantenimiento de unas zonas del tablera bajo la incapacidad de desplazarse a otras zonas menos exploradas en los que optimizar la función que tiene la obligación de jugar.

Conclusiones

Podemos empezar concluyendo que la solución no pasa por añadir opciones comerciales (del tipo "si se lleva 2, la segunda a mitad de precio"), o de adquisición de buenos clientes ("oferta pocas plazas y así la falta de oferta generará una demanda de más calidad"), sino por analizar desde un punto de vista serio (por parte de los dirigentes, y también de los que seremos responsables de la impartición de las materias) las necesidades (no solo las profesionales, también las académicas que permiten ampliar el conocimiento que después se aplicará en el mundo fuera de la universidad) y ampliar los recursos con los que debemos enfrentarnos a un problema de esta envergadura y con tantas implicaciones futuras.  Parece una razón de suficiente peso como para luchar para que se mantenga en las manos públicas adecuadas, algo que también está en vías de desapareción debido a la campaña de desprestigio que se hace de la universidad pública desde dentro y fuera de ella.

Ante esta realidad, si tienes un alumno/hijo/amigo interesado por ambas disciplinas (o si eres tú el interesado) aconséjale/considera estudiar las dos por separado, porque el contenido del doble grado es sensiblemente inferior al que se puede obtener por otros medios. Obtener un buen resultado en el nuevo (y absurdo) sistema de calificación preuniversitario, no significa que la mejor solución sea acaparar grados. Si el interés real del alumno es aprender ambas disciplinas con el fin de mejorar la aproximación a ambas (o incluso a una de ellas), es preferible que realice los dos grados por separado, o se focalice en uno de ellos (el de su preferencia real) e intensifique los conocimientos puntuales necesarios del otro para fortalecer su grado elegido.

Podríamos también plantearnos cuál es el futuro de estos estudiantes de doble grado. Tal y como están evolucionando las ofertas de títulos universitarios, supongo que el objetivo (silencioso) de la universidad, y de las facultades/escuelas involucradas, es que estos alumnos hagan un máster en la misma universidad. De esta forma resolverían uno de los problemas más acuciantes en la actualidad, que es el fracaso patente que han acumulado en años consecutivos los másteres ofrecidos debido a una absoluta falta de planificación y análisis de las necesidades requeridas (como demuestra, por ejemplo, la oferta de máster realizada por la Facultad de Matemáticas junto con el Instituto de Matemáticas de la Universidad de Sevilla, IMUS).

En caso de que sea así, tal y como están planeados los másteres actuales, el doble grado es de poca utilidad, absolutamente ninguna si, por ejemplo, se ha realizado el doble grado de Matemáticas+Física y se continúa con el máster oficial que actualmente ofrece la Facultad de Matemáticas (habrá que ver cómo evoluciona el nuevo Doble Máster en Análisis y Modelado Matemático), quizás algo menos inútil si se continúa con alguno de los que ofrece la Facultad de Física (de nuevo, porque las matemáticas son la herramienta fundamental, pero no gracias a un doble grado bien diseñado), aunque quizás tiene más sentido que el alumno del doble grado intente continuar con los que ofrece, por ejemplo, la Facultad de Ciencias de Granada (que tiene un máster de Física y Matemáticas, Fisymat). Y algo similar ocurre actualmente con los másteres que se ofrecen en la Escuela de Informática y la Facultad de Matemáticas respecto al doble grado de Matemáticas+Informática.

Si la solución para estos alumnos es migrar a hacer el máster a universidades distintas a la de Sevilla, ¿es acaso eso lo que está buscando la Universidad de Sevilla al motivar estos dobles grados?, prefiero pensar que no...

Pero no nos alarmemos, todavía puede empeorar el panorama y podríamos empezar a plantearnos aburdos como el doble máster, quizás podamos pensar en locuras extremas como doble máster en Matemáticas+Educación Secundaria, ¿no?... ¡ah, no!, ¡¡¡que eso también se está pensando ya!!!

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